Las carreras de Escorpio — M. Stiefvater


Ocurren al comienzo de cada mes de noviembre: Las carreras de Escorpio. Los jinetes intentan mantener las riendas de su caballo en el agua el tiempo suficiente para llegar a la línea de meta. Algunos jinetes viven. Otros mueren.

A los diecinueve años, Sean Kendrick es el primer campeón en regresar. Él es un joven de pocas palabras, y si tiene algún temor, los mantiene enterrados, donde nadie más puede verlos.

Puck Connolly es diferente. Ella nunca tuvo la intención de participar en Las carreras de Escorpio. Pero el destino no le ha dado muchas oportunidades. Así que entra en la competencia, y es la primera chica en hacerlo. Ella no está en absoluto preparada para lo que va a suceder.


Empezaré diciendo que éste es el primer libro que leo de esta autora, y que seguramente no será el último. Su estilo me gustó mucho porque: 

* No se entretiene demasiado en las descripciones inútiles que no aportan nada a la trama.
* Hay diálogos para darnos a entender los pensamientos de cada uno de los personajes, aunque sean secundarios.
* Realidad mezclada con mitología a la perfección de forma innovadora.
* Protagonistas independientes pero con conexión profunda.

A decir verdad, Las carreras de Escorpio no tiene una trama muy elaborada. Es básicamente lo que ocurre a lo largo de la espera hasta el día de la gran carrera. Cómo se comporta cada uno de los pueblerinos, con sus pensamientos retrógrados típicos de la época en que está situada esta historia; cómo los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres; lo que la gente está dispuesta a hacer con tal de ganar dinero para sobrevivir un tiempo más...

Los caballos marinos, capaill uisce, son temibles. No querría encontrármelos en ningún lado, pero quizá me gustaría observarlos de lejos hasta poder sentir lo mismo que Sean Kendrick. Es realmente bonita su peculiar forma de ver el mundo y de caminar sobre él, aunque en realidad su vida dista mucho de ser feliz. Siente una inmensa soledad, y se va a dar cuenta de ello a lo largo del libro. Adora y respeta muchísimo a los capaill, que, según sus palabras, son: 

«Son hermosos y letales: nos aman y nos odian.»  

Y de Puck Connolly me encantó su forma de ser y de expresarse. Es valiente aunque ella misma lo dude todo el tiempo. Es ingeniosa y le planta cara a cualquiera que le dirija una mirada que no le guste. Adora a su yegua y la cuida tan bien como puede. Adora a sus hermanos (dos personajes interesantísimos de los que me gustaría saber mucho más) y hace todo lo que está en su mano para mantenerlos unidos, aunque a veces no con las maneras que debería... jajajajaja. Leal hasta la médula. Su máxima es:

«Ser un Connolly era lo primero: ésa era la única regla. Eras libre de ofender a cualquiera, siempre y cuando no se tratara de un Connolly.» 

¿Saben qué? Al final casi casi derramé una lagrimilla traidora. Yo también quiero esa clase de conexión y lealtad. Quedé con ganas de más, de muchas más páginas, no quería que se acabara nunca.

En resumen: fue todo muy realista y descorazonador y poético por momentos. Tierno y dulce como los «pastelillos de noviembre». 






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